En este país, si tú oyes a alguien empezar una frase con: "Mira, yo no soy chismoso, pero...", prepárate, porque lo que viene es una historia completa con introducción, desarrollo, clímax, y hasta moraleja si te descuidas.
Ese “yo no soy chismoso” es el permiso oficial para despacharse con todo el chisme. Y lo mejor es que lo dicen con una seriedad, como si eso les quitara responsabilidad de estar metiendo la cuchara donde no los llamaron.
Hay un tipo de dominicano que vive por y para el chisme, pero claro, sin admitirlo. “No es que yo sea chismoso, es que me contaron y me pareció raro”, dicen, como si eso los salvara del título.
En los barrios, oficinas y hasta en grupos de iglesia hay uno. Siempre saben lo que pasó, lo que va a pasar, y lo que no ha pasado pero ya están inventando.
El dominicano tiene ese don para contar cosas con sazón, con gracia. Aquí un chisme no es solo un chisme, es una novela en entrega por capítulos. Y aunque a veces decimos “eso no es problema mío”, nos encanta saber qué fue lo que pasó.
Si alguien empieza con “yo no soy chismoso, pero...”, ya tú sabes: siéntate cómodo, porque el cuento viene largo y sabroso.
¿Te identificaste? Compártelo con ese amigo que siempre dice que no es chismoso... pero lo sabe todo.
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